Escalera Literaria
Para ser sincera nunca pude tener un
amor completo por los libros, nunca me sentí parte del mundo de la literatura. Mi
actividad como lectora varió según épocas, momentos y emociones, nunca se
mantuvo estable.
Desde pequeña mi madre me leía
cuentos infantiles, recuerdo muy bien uno que se llama “Federico se hizo pis”,
el cual me encantaba y no me cansaba de escucharlo. Una vez que aprendí a leer,
lo leía repetidamente y nunca me aburría. En el jardín y los primeros años de
escuela, estas instituciones, me regalaron variedad de libros que yo realmente
disfrutaba.
Los libros nunca faltaron en mi casa,
siempre tuve una biblioteca llena y variada, diferentes géneros (literarios,
manuales, poesías, clásicos, técnicos, entre otros); edades (infantiles,
jóvenes, adultos) e idiomas (inglés, castellano e italiano). Sin embargo, lo
veía normal, todas las casas debían tener una biblioteca, lo tenía naturalizado.
La casa de mis abuelos sí que me impresionaba, dos paredes de bibliotecas llena
de libros de todo tipo. Me asombraba solo pensar que eran los mismos libros que
alguna vez había leído mi abuela, abuelo, tíos o mi propia madre, la historia
que contenían. Me preguntaba ¿Qué les habrá generado cuando los leían?
En la primaria empecé a leer por mi
cuenta, no solo lo que la escuela me obligaba o lo que me regalaban, sino que
tomé la iniciativa y comencé a buscar algo que me interesara. Yo creo que ese
cambio se produjo por un tipo de “contagio” de mis compañeros, la mayoría leía
un montón y mi grupo de amigas, todas. En el recreo se juntaban a leer y si no
lo hacías quedabas de alguna forma excluida. Fue ahí que inicie mi búsqueda. Empecé
con Caídos del Mapa, un verdadero furor en su momento, pero en el tercer libro
me aburrí y lo dejé. De nuevo me perdí, pensé que la lectura no era lo mío, no
me gustaba Harry Potter así que ya no había salvación hasta que… la historia de
vampiros y hombres lobos me atrapó por completo. Una vez que empecé a leer
Crepúsculo no pare, 400 paginas no me parecían pesadas en absoluto. El primer
libro como no lo tenía y era muy caro, lo empecé en pdf, me costó bastante ese
formato, pero me fui adaptando. Luego, los otros que me faltaban me los prestó
mi prima que ya los había leído. No hay comparación, el libro impreso es otra
cosa, no sé cómo explicarlo, es más satisfactorio, que leerlo en una pantalla.
Por primera vez aprecié el sentido de la literatura, aunque sin darme cuenta,
ya que hace poco que entendí de verdad lo que era. Viajas a otro mundo, apenas
lees te sumergís en otra realidad, te enojas, lloras, reis, odias, sentís.
Luego de Crepúsculo, Los Juegos del Hambre
fue mi próxima víctima, en poco tiempo devore la trilogía entera. Después
empecé con libros y novelas que no eran modas como las anteriores, me gustaba
mucho el género policial y de terror: Oscar Wilde, Arthur Conan Doyle, Edgar
Allan Poe, Agatha Christie y Stephen King. Hubo un momento en que me quise
desafiar y empecé “Soy Roca”, de Félix Luna, me frustró no entender y lo dejé.
Lo mismo me paso con Los Árboles Mueren de Pie y, aunque nunca me gustaron mucho
las obras de teatro, no me rendí y lo seguí leyendo, me encantó. Siempre me
gusto leer los libros, antes de ver la película (si tenía) para no romper con
la imaginación de la historia, la película te condiciona cuando lees y generalmente
siempre es mejor el libro que la película.
Si mal no recuerdo el libro de
Alejandro Casona fue uno de los últimos que leí por voluntad propia, no estaba
motivada, no me emocionaba empezar otro libro, verdaderamente no sé por qué.
Durante la secundaria los libros que
leía era por deber, para tareas, investigaciones. No me molestaba leerlos, es
más, muchas veces me terminaban gustando, pero ya la lectura la relacionaba con
el colegio. En lengua y literatura siempre el/la profesor/a nos daba para leer
algo, analizábamos y prueba. Era una rutina que odiaba y sigo odiando porque uno
lee sabiendo que va a tener una prueba, es decir, el libro implica un
estresante examen al final y no lees con las ganas que, por ahí, tendrías en
otro contexto. A pesar de todo, yo leía igual lo que los profesores pedían y la
mayoría de las veces me interesaba la lectura, sobre todo el análisis de
después. Fue el año pasado cuando leí un libro que realmente me encantó (hasta
ahora mi favorito), “1984”, de George Orwell. Me parece increíble como alguien
pudo haber escrito eso en aquella época y que se asemeje tanto a nuestra
realidad, no puedo explicar en palabras todo lo que me enseño o me hizo dar
cuenta dicho libro, me abrió la mente.
Mientras escribo esto me dan ganas de
leer y escribir, de viajar nuevamente. Las últimas clases de literatura me
hicieron de algún modo un clic, me transmitió lo maravilloso de la literatura,
pude entenderlo y me explotó la cabeza. Espero que mi biografía lectora no
termine acá, espero terminar de subir la escalera de la literatura y quedarme
arriba.

Leer es siempre recorrer un camino, camino que a veces parece llevarnos de la mano y andamos sin dificultad, pero que, en otras ocasiones, es sinuoso, se hace difícil ir cuesta arriba. Leer siempre nos pone en movimiento y nos lleva hacia nosotros mismos, deja huellas. Hay momentos de nuestras vidas asociados a ciertas lecturas que son como pendientes o como senderos escarpados y vida y libros se entrelazan y nos cuentan.
ResponderBorrarOjalá el trabajo que compartiremos desde ahora te lleve a lecturas que sean experiencias significativas para seguir subiendo sin detenerse.
Gracias por compartir.