"La sangre sigue corriendo"
“Esta es una región del mundo con tremendas reservas de dignidad y uno apuesta por esa dignidad”. Esto asevera Galeano . Nos referimos a dignidad, palabra que proviene etimologicamente del término “luz”. Es la luz que guía a estos pueblos, y allí encontramos una similitud, es la dignidad de seguir luchando contra la opresión de “los hombres venidos del este” de la que nos habla Galeano. La dignidad que también vemos en los pueblos originarios en la actualidad. Sin embargo, no debemos caer el en peligroso error de romantizar la lucha de los pueblos oprimidos. La sangre sigue corriendo por las venas de América Latina y escribe en las paredes nombres como el de Rafael Nahuel.
Podríamos seguir esta guía que estamos utilizando como recurso para elaborar este texto, con la siguiente hermosa frase: “(...)para recuperar la universalidad de la condición humana que es lo mejor que tenemos es necesario celebrar al mismo tiempo la diversidad.” La Occidentalidad ha desarrollado una condición humana aplastante y paralela al resto de las “condiciones humanas” que podamos observar, como la de los yámanas. Esta condición etnocéntrica con una carga fuertemente moral, es exquisita a la hora de otorgar este estatus a los pueblos que no siguieron la misma línea de progreso que ellos. La condición humana es negada a los yámanas, por ser diferentes. La diversidad no es celebrada, es aplastada.
“Lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que el mundo contiene” En la novela “La Tierra del Fuego” de Iparraguirre, existen tres submundos paralelos. La poderosa élite de Gran Bretaña, los miserables de la Gran Bretaña y los yámanas. Incluso se puede ver como cada uno se posiciona y autopercibe superior al anterior en el orden que desarrollamos. Cada uno de estos submundos cuenta con sus propias normas y valores, que bien hemos observado en el texto.
“(...)la pobreza era resultado de la injusticia, lo proclamaba la izquierda, el centro lo admitía, la derecha no lo discutía(...) Treinta años después ya quedan muy poquitos que digan que la pobreza es resultado de la injusticia” . En esta frase se radica una problemática esencial de la humanidad que es la siguiente. La condición del desarrollo llevó a pensar que existía culturas superiores e inferiores. Nosotres negamos categóricamente esta afirmación, pero no podemos dejar de denunciar que los que se situaron como culturalmente superiores perpetuaron la pobreza de los que designarían inferiores. Los que llevaron al frente las banderas contra la injusticia fueron asesinados o en su defecto le cortaron los brazos que las levantaban.
Los que se levantaron contra las falacias sostenidas sobre la pobreza fueron exterminados por los mismos grupos de poder que un siglo y medio atrás exterminaron a los yámanas por ser la subversión a la norma.“¡Pero claro que tienen algo en común! No lo saben, pero seguro que tienen algo en común. ¿Por qué? Porque unos y otros han sido condenados a la amnesia de una historia oficial enferma de racismo, de machismo, de elitismo y de militarismo; están mutilados en el conocimiento de lo que fuimos, en la memoria compartida, y mutilados también en el conocimiento de la realidad”.
Habiendo denunciado ya las cuestiones etnocéntricas y dejando de lado todas las ideas con las que no nos identificamos, sería interesante pensar con las que sí.
“La identidad, entonces, no tiene que ver con las partidas de nacimiento, tiene que ver, fundamentalmente, con los lugares, las personas, los valores que uno elige.” De esta forma, podemos observar como Button se sentía extremadamente desarraigado en Inglaterra. No eran sus valores, sus costumbres y su forma de vivir las que allí corrían. La forma de pensar la propiedad, criar a sus hijos y relacionarse con el ambiente era muy sofisticada, mucho más civilizada que la forma inglesa.”(...)creo en una identidad en movimiento, creo en una identidad viva y creo más en las identidades elegidas que en las entidades heredadas en una región del mundo como es América Latina(...)”

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