lunes, 6 de julio de 2020

Escrituras en diálogo



VOS   YO   NOSOTRES


Leímos, reflexionamos y escribimos.
Nos sentimos solxs, a veces un poquito menos o más, nos extrañamos.
Leí, reflexioné y decidí juntarlxs para juntarnxs en un solo espacio (simulacro impotente de las resonancias del aula) lleno de voces que dicen, gritan, desean, se miran y nos ven.
Acá ustedes y un encuentro virtual de la diversidad que somos:






¿Que quienes son? No saben. Hace más de 100 días que no salen de sus casas, saben que son las mismas, saben que son distintas. ¿Que quienes son? Son las mismas que se despidieron hace meses, pero también son otras. Son esos cuerpos que crecieron, los recuerdos de su infancia, esas mentes con ideas nuevas son tantas cosas. “Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”. 

La identidad se elige; no se hereda, no se impone. Es estable y a la vez cambiante, es compleja. Es inexplicable en palabras. Palabras que nos permiten formar la identidad, comunicarnos con otros, que nos permiten ser. Palabras que a veces no alcanzan.

Como desde hace siglos podemos ver como la identidad va más allá de la representación de une misme, y llega también a sumar conceptos de superioridad, bueno, malo, raro, normal inferioridad, inseguridad, comodidad, incomodidad, entre muchos otros.


La identidad no es algo conformado por sí mismo, sino que es posible con el encuentro con el otro. Es decir, lo común y lo diferente nos constituye si somos con los otros.


¿Quién soy yo? Soy una simple persona, pero… ¿Como me identifico? Como un Latinoamericano. Para mí es fácil decirlo ya que vengo de una familia enteramente latinoamericana la cual me ha introducido a su cultura.... Eso es, la cultura, esa es la palabra la cual me caracteriza, la cultura, yo me identifico mediante la cultura latinoamericana, mediante la cultura “salvaje”, mediante el “no progreso”.


A medida que vamos creciendo se nos enseña, en el colegio, una historia. La versión oficial de esta. Aquella escrita por quienes lograron vencer, pero al acercarnos a la adultez, y sobre todo en esta época en la que tenemos la información a disposición (por ejemplo, en internet), nos volvemos capaces de buscar nuevas versiones de la historia, versiones calladas. Y así ir formando nuestras propias ideas y concepciones acerca del mundo.

La historia oficial es uno de los principales recursos de la distorsión (o negación) de la identidad. Se consolida un discurso e historia, cuya perspectiva es la del poder. Se suele decir que la historia la cuentan los que ganan. Por ejemplo, la historia oficial oculta y minimiza el rol revolucionario llevado a cabo por grupos que fueron discriminados, y que lo siguen siendo hoy en día, como es el caso de los pueblos originarios, los afrodescendientes y las mujeres.

Son quizás, las manchas de sangre en las páginas de nuestra historia, aquellas que nos permitieron entenderante los levantamientos de las diferentes culturas a los intentos de colonización, imposición o transformación, la diversidad cultural. Y es aquí, que actualmente repudiamos el concepto de raza, sus connotaciones etnocéntricas, crueles y moralmente equivocas. Y nace un nuevo concepto que no niega las diferentes prácticas culturales, las ideologías, creencias, y percepciones sobre el bien y el mal que cada sociedad acepta, construye y continua. La etnicidad no propone vernos a todos iguales, sino entender que somos iguales solo en que somos diferentes.


La Occidentalidad ha desarrollado una condición humana aplastante y paralela al resto de las “condiciones humanas” La condición del desarrollo llevó a pensar que existía culturas superiores e inferiores. Nosotres negamos categóricamente esta afirmación, pero no podemos dejar de denunciar que los que se situaron como culturalmente superiores perpetuaron la pobreza de los que designarían inferiores. Los que llevaron al frente las banderas contra la injusticia fueron asesinados o en su defecto le cortaron los brazos que las levantaban. 

La globalización que se produjo arrebató a la población la oportunidad de ser únicos, de tener esas características propias. Todas las maneras de percibir un lugar, un espacio, una gente, un tipo de comida, poco a poco se fue unificando hasta ser casi iguales. Claro que todavía permanecen las raíces y se observan diferencias entre una ciudad y otra, y a gran escala, más todavía. Pero hay que entender, que este sistema impulsa a que todos nos veamos cómodos siendo homogéneos, sentirte bien porque te vestís igual que un famoso o que comprás tal marca que usa una celebridad que admirás… son todas “trampas” que el mismo, propone para realizar un proceso el cual no queramos detener, pero que al fin y al cabo, tendremos que hacerlo. 

Por eso, la imposición de una identidad cultural no sirve de nada si el receptor no la elige; eso es lo que vemos en Latinoamérica, tan diversa actualmente pero con un mismo pasado de conquista y apropiación. la uniformización, acompañada de una globalización capitalista con valores de mercado y de rentabilidad, no solo atenta contra la diversidad y lo diferente, sino contra el ecosistema y al alma de las personas.

Las diferencias entre civilización y barbarie no se han acabado, seguimos clasificando países como “primero, segundo y tercer mundo” aunque solo exista uno. Seguimos clasificándonos entre ricos y pobres, solo por nuestra condición actual, seguimos diferenciando entre blanco y negro, bueno y malo, correcto e incorrecto… Somos individuos que lo único que tienen en común es ser diferentes entre sí, y eso nos hace personas. El resto es puro verso… 

Este es un continente luchador que siempre se encontró con muchas dificultades para lograr una soberanía política, económica y cultural; dado a que cumple un rol en el sistema mundial que los centros de poder no quieren perder. Centros de poder que nos “necesitan” callados, sumisos, sin identidad.

Por eso para ser soberanos es fundamental la memoria como motor trascendental para entender y construir la identidad.

La identidad colectiva queda como un híbrido del pasado y del presente, donde tratamos de terminar con la “amnesia” de la historia oficial. Como colectividad buscamos desenterrar la memoria que ha quedado inmóvil en el tiempo y que contiene miles de tesoros porque el conocimiento de la realidad es un gran tesoro. La historia ha elegido contar una versión que impuso durante mucho tiempo la construcción de una identidad colectividad incompleta. Las generaciones mantienen su identidad en sus pensamientos, en los valores que aceptan o rechazan y en la historia que deciden compartir. La identidad colectiva constituye un sentido de pertenencia que regula a los otros y a nosotros mismos, es allí donde se filtran ideas y creencias comunes.

Cuando era  chiquita, mi abuela solía decir todo el tiempo que a los jóvenes hay que darles tanto raíces como alas; y creo que es la mejor forma que encontré para describir la identidad, ya que para mi une el saber de dónde venimos y quienes fuimos, con las posibilidades de cambiar o no, de elegir por nosotros mismo, la libertad de descubrirnos y redescubrirnos.







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